El Amor Tramposo Y Su Fin Glorioso by Tracy Dinesen

No lo podía creer. Juanito, al entrar la fiesta parecía tan enojado que quizás pudiera escapado de una sanatorio. Su pelo, normalmente bien peinado, era desordenado y su disfraz de soldado era tan sucio que el color verde parecía más un morado profundo. Yo quería desaparecer ya que sabía lo que iba a pasar. Juanito entró con propósito, vio a Chucho y caminó hacia él rápidamente. Chucho no tenía ni un minuto para reaccionar ni protegerse. El golpazo que Juanito le dio le hizo caer al suelo y casi desmayarse. No podía esperar más, tenía que hacer algo.

“Juanito, querido, ¿qué te pasa? No puedes atacar a gente sin razón.” Yo tenía que fingir mi inocencia, si no Juanito pudiera matar a Chucho, algo que yo no podía soportar.

“Sin razón, sin razón….¿de veras es sin razón? ¿No es que él te robó de mí, qué ahora te vas a casar y ni tenía los cojones para decírmelo?”

“Quería decirte pero no sabía cómo decirlo. Además no es culpa de Chucho ni de ti, si quieres castigar alguien debes castigar a mí. Sabía que te iba a dañar pero no podía evitarlo. Le quiero a Chucho. Quiero estar con él para el resto de mi vida y no hay nada que puedes decirme para cambiar mi opinión.”

De repente sentí un gran dolor en la pierna y mi falda comenzó a mojarse.
El rojo manchó el algodón blanco y al verlo sentía como si fuera a desmayarme. La música del baile llenó mi cabeza con el ritmo rápido que imitaba la lato de mi corazón. De repente los colores de la fiesta se pusieron negros y no escuché nada. No había ni una luz, ni una nota musical ni la cara de Juanito. ¿Qué me había pasado? ¿He muerto? Ni idea.

Lo has conseguido, finalmente tuviste éxito. Ahora puedes respirar, relajar y comenzar de nuevo. Te has librado de tu obsesión. Al matarla, al ver la sangre no te siente culpable sino justificado, fuerte…normal. No es qué una persona que comité un crimen debe sentir culpable o por lo menos debe sentir triste. Ahora, sin Marta, al saber que ella no puede estar con Chucho, que nadie la puede tener puedes estar feliz. Al ver su cuerpo frío notas la falda blanca, manchada de sangre, el suéter azulejo que siempre te has gustado y la cara guapa que acaba de hablarte como si fueras nada. Puta, manipuladora, diabla…ella la merece. No te importa lo que te pasa, ahora puedes sentir paz. Los gritos de Chucho aun te hacen alegre, tan feliz que te sientes como si acabaras de ganar la lotería.

“Ahora puedes sufrir como he sufrido. Estoy libre. Te he liberado también. Lo verás. Lo verás.” La cara de Chucho, lleno de dolor y confusión te miró. Giras y sales del baile caminado despaciosamente hacia tu coche. No consigues tu meta ya que la policía llega. Te atacan y te ponen en el coche para llevarte al cárcel. ¿Qué vas a decir al juez? La verdad. Te vas a hacerle entender por qué la mataste, que tenías que matarla para liberar al mundo de esta diabla, que estabas asesinado una mujer que lo merecía. Puedes decirle que ella te manipuló, que te ha manipulado por años. Esta noche, lo que ella dijo decidió su destino. Ella la escogió.

El crimen ha cometido, Juanito sentía tranquilo, relajado y justificado. No podía entender que sus acciones eran las de un hombre loco y peligroso. El pobre Chucho abrazaba a su amante, llorando y pensando que en su vida entera no ha conocido una mujer tan buena, tan bonita ni tan apasionada. No esperaba encontrar otra parecida. Era única casi una santa en su opinión. Él no podía entender lo que acaba de pasar ni podía ver ni un fallo de su novia muerta. Es verdad lo que dicen: el amor es ciego. Esperaba que Marta no sintiera demasiado dolor al morirse, que ni entendiera lo que estaba pasado. Lo que no sabía es que Marta, al entender que estaba muriéndose no se sentía dolor ni miedo, sentía alivio, el alivio que solamente una persona culpable pudiera sentir. Sabía que ella ha causado el crimen. No era justo lo que hizo Juanito pero ella era la que escribió la tragedia. Sabía que el infierno la esperaba pero no le importaba. Su final ha sido como quería, dramático, dañoso y violenta. Suicidarse nunca ha sido tan fácil ni glorioso.

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